Las burrotecas de Zimbabue, llevando la cultura a cuestas

  • La dificultad del transporte ha llevado a la creación de estas bibliotecas móviles.
  • No sólo llevan libros, sino electricidad.
PAreja de burros en un establo.

Muchos de los pueblos y aldeas de Zimbabue, en pleno centro de África, son de difícil acceso. Hay caminos, sí, pero accidentados y sin asfaltar. Pese a todo, las escuelas son una parte fundamental de la vida diaria y la escolarización de los más pequeños se ha convertido en una necesidad. Sin embargo, se hace muy difícil montar infraestructuras nuevas, sobre todo aquellas que necesitan de tiempo y organización, como son las bibliotecas.

Para solucionar ese problema, al menos de manera temporal, hoy podemos ver cómo por esos caminos de difícil tránsito circula una carreta de color azul, con forma de caseta, tirada por unos fuertes burros. A medida que se acerca a las escuelas, tanto niños como adultos saludan al conductor, que es bienvenido con una gran algarabía. Y es que la burroteca ha llegado al pueblo.

Los burros siguen siendo una parte importante de la agricultura de la zona y son utilizados en el programa de bibliotecas rurales que se ha puesto en marcha, como parte fundamental a la hora de llevar las bibliotecas móviles allá donde sería carísimo hacerlo con coches. Su gran capacidad de arrastre los hace mejores, por ejemplo, que otras alternativas que también se usan, como las bicicletas.

En Zimbabue llevan desde 1995 con este proyecto, creando una red que ha sido un ejemplo para países vecinos como Etiopía y Tanzania. Una parte importante son las carretas-cabina, con varios compartimentos cerrados y con capacidad para tres conductores. La idea es que cada una sea una biblioteca autosuficiente.

Pero en los últimos años han ido más allá. Por el momento, tres de estas burrotecas están equipadas con paneles solares capaces de cargar teléfonos móviles y abastecer a un ordenador personal con su impresora. La idea que es que los usuarios puedan leer libros online, mantenerse al día de las noticias e incluso proyectar películas. Los maestros pueden usar estos recursos para las clases. La idea final es conseguir que todas las unidades sean multimedia.

En cualquier caso, y aunque es un proyecto interesante, todavía hay muchos lugares donde no llegan o, si lo hacen, es muy de tanto en tanto. Cada burroteca da servicio a más de 1.600 personas, así que está claro que a un ordenador por carro el tiempo de uso está muy limitado. A eso se le une el hecho de que muchos estudiantes de zonas rurales ni siquiera han visto antes un ordenador.

¿El problema? Como siempre, la financiación. Es muy difícil conseguir dinero para estas actividades. El gobierno no presta la atención suficiente a la educación -y menos en áreas rurales-, por lo que para conseguir los 150.000 dólares anuales que cuesta el proyecto hay que tirar de fundaciones y donaciones alrededor del mundo, además de descuentos ofrecidos por las editoriales. Lo cierto es que, desde la implantación de este sistema, la calidad de la enseñanza en Zimbabue se ha incrementado notablemente. Esperemos que siga así.

Vía: LitHub

Alfredo Álamo

en

(Valencia, 1975) escribe bordeando territorios fronterizos, entre sombras y engranajes, siempre en terreno de sueños que a veces se convierten en pesadillas. Actualmente es el Coordinador de la red social Lecturalia al mismo tiempo que sigue su carrera literaria.

Powered by WPeMatico

AdSense